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Historia del Seguro
Desde sus orígenes la raza humana siempre ha buscado la
seguridad, el bienestar y la felicidad. Siempre ha guardado con celo sus
pertenencias y ha utilizado todas las medidas de seguridad a su alcance para
lograr sus objetivos.
El hombre comprendió que se sentía más seguro cuando estaba con más gente y
ello hizo que empezara a agruparse y formar los clanes y tribus. Así, a
través del grupo encontró la protección necesaria frente al medio natural.
Como ejemplo, en caso de inclemencias del tiempo o incendio, todo el grupo
ayudaba a construir la cabaña de aquel que la perdía. Todos se unían para
construir una vivienda nueva.
También en grupos y unidos se defendían de otras comunidades por las que
eran atacados, y sabían, porque así lo tenían acordado, que si fallecía
algún miembro del grupo se ayudaría a su familia a sobrevivir.
Los grupos humanos buscaban emplazamientos para poblar en lugares donde las
condiciones climáticas fueran las más benignas y donde los recursos
naturales, caza y pesca fueran abundantes; luego, se descubrió la
agricultura y todo se volvió para que estos grupos se convirtieran en
sedentarios y fundaran los primeros asentamientos permanentes en el mundo,
favoreciendo las relaciones entre grupos humanos.
Las circunstancias adversas como las climáticas y las de la propia
naturaleza, incendios, inundaciones, corrimientos de tierra, implicaban no
sólo la pérdida de bienes materiales, sino también la muerte y el
debilitamiento del grupo con el consiguiente perjuicio para las relaciones
de intercambio. Al tener necesidad de paliar las consecuencias adversas,
nació la idea del seguro de hoy.
Esta idea de vivir seguros motivó a los mercaderes árabes y fenicios a
distribuir los bienes que comerciarían en caravanas que tomaban rutas
diferentes y con horarios diferentes, reduciendo así los riesgos de pérdida
de las mercancías.
En Babilonia, el Código de Hammurabi estableció mediante acuerdos, el
reparto de los riesgos a paliar y así las pérdidas. Dependiendo con el
acuerdo con que entraba el grupo, se podía reponer una nave, un animal
muerto o incluso las mercaderías.
Palestina es otro caso con el que se establecieron asociaciones o grupos de
ganaderos los cuales, según el sistema establecido, compensaba el ganadero
que perdía alguna cabeza de ganado por otra.
En el Imperio Romano existieron gremios que previo pago de un atributo de
sus miembros en caso de fallecimiento de alguno de ellos, la familia
doliente percibía las aportaciones realizadas al gremio, o si lo preferían
eran pagados los gastos funerarios.
Hacia el año 900 D C. en Rodas se estableció una ley marítima que regulaba
la ayuda bilateral entre los comerciantes. Fenicios y árabes pactaban que si
los navíos perdían todo o parte del cargamento a causa de tormentas o
tempestades, los propietarios de las mercancías transportadas contribuían a
la reparación del navío y a la reposición de los bienes perdidos.
En la Edad Media se crearon sociedades mutualistas en los feudos, cuyo
cometido era la protección de los señores feudales, y también de sus
familias, del riesgo de muertes por enemigos en los desplazamientos por mar
y tierra.
Durante la Edad Moderna y con el gran incendio ocurrido en Londres,
Inglaterra, el dos de septiembre de 1666, nació el concepto de “seguro” que
hoy conocemos, en especial el de daños. Así es como empieza a cobrar auge,
gracias a la compañía Lloyd´s of London, considerada sin lugar a dudas, la
primera aseguradora reconocida en el mundo y por lo tanto la más antigua.
Lloyd’s comenzó a operar en el siglo XVII en un café de la época regentado
por Edgard Lloyd. Estos centros eran punto de encuentro y reunión de los
hombres de negocios, y el café de Lloyd no tardó en ser el lugar donde se
obtenía con mayor rapidez cobertura para asegurar el transporte de
mercancías por alta mar. A cambio de una prima, los comerciantes más ricos
asumían los riesgos y lo hacían incluso respondiendo con toda su riqueza.
En realidad, Lloyd’s inició su desarrollo con las primeras reglamentaciones,
como la elaboración de las primeras tablas de mortalidad por riesgos, y
aparecieron los agentes y corredores de seguros, quienes han sido desde
entonces los hombres claves en la actividad aseguradora.
Las primeras comenzaron a determinarse matemáticamente atendiendo a cálculos
de probabilidades y estadísticas, y el número de ramas o especialidades para
asegurarse fue diversificando. Gracias al auge tecnológico que significó la
revolución industrial, los seguros emergieron como la posibilidad de
constituirse en una inversión adicional a la ya habitual protección por
muerte.
Actualmente, el seguro es una pieza clave en el desarrollo económico de
cualquier país. Cuando se adquiere un seguro se limitan los niveles de
incertidumbre no sólo a familias y empresas, sino también a economías de
todo el mundo. En este momento las entidades aseguradoras ya no son simples
suscriptores y verificadores de riesgos como en sus principios. En su nuevo
papel es fundamental la solvencia, que se logra a través de la continua
verificación de la gestión y la suscripción de riesgos.
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